
La Mano en La lata
Crónica de la corrupción en casinos municipales
La Mano en la Lata, Crónica de la corrupción en casinos municipales, de los periodistas Pablo Alfano y Fabián Werner, repasa toda la historia de la gran maniobra en los casinos municipales. Comienza por la paciente investigación periodística que demandó casi dos años, muestra cómo se gestó el plan delictivo y da a conocer el fallo completo de la jueza penal Fanny Canessa. El libro aporta nuevos elementos a la investigación, brinda algunas muestras de la "cocina" que les tocó vivir a los periodistas en el transcurso de su trabajo. Y está aderezado con los documentos que resultaron fundamentales para la investigación periodística y la indagatoria judicial que determinó los procesamientos con prisión del ex director de Casinos, Juan Carlos Bengoa, varios de sus ex asesores y un empresario vinculado al mundo de las máquinas tragamonedas. La presentación será el martes 19 de febrero, a la hora 19, en la sede de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU), en San José 1330 casi Ejido, pegado al Mercado de la Abundancia. Estará a cargo del doctor Juan Fagúndez, abogado penalista y también panelista en varios programas de radio y televisión y del periodista de Brecha Walter Pernas, quien tuvo un papel fundamental en la investigación, en especial desde su faceta judicial. He aquí algunos fragmentos del libro:
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Fue en uno de esos sofocantes días de fines del verano de 2006. La cita había
sido pactada en un lugar neutral. El sitio estaba bastante mal iluminado y el
golpeteo del desvencijado ventilador de techo sonaba monótonamente produciendo
una sensación casi hipnótica. Ese aleteo metálico era levemente interrumpido
por el sonido de la bombilla cuando ya no queda más agua en el mate. Frente a
los periodistas un numeroso grupo de personas comenzaba a esbozar, en forma
desordenada, los primeros indicios de lo que luego se convertiría en una larga
investigación que demandó mucho más que tiempo. A medida que contaban
detalles de la historia (que luego debieron ser trabajosamente comprobados) la
temperatura corporal aumentaba. Y en particular la de uno de los informantes
que, desesperado porque el ventilador de techo no soplaba en su dirección,
pidió un vaso de agua y se sacó la camisa. La situación era rara y al mismo
tiempo cómica: no es frecuente conversar con una "fuente" brindando
información tan delicada con el torso desnudo y en bermudas. Por suerte las
risas descomprimieron un poco la situación. Quienes hablaban sabían que toda
la información que estaban trasmitiendo era de extrema gravedad (aunque en ese
momento los periodistas apenas imaginaban las repercusiones periodísticas,
políticas y judiciales que su divulgación iba a tener), y querían ser
precavidos. Por esa razón, y desde el inicio del proceso de chequear cada uno
de los detalles conversados, lo primero que hicieron los periodistas fue
"bautizar" con diferentes apodos a cada uno de estos informantes y a
los otros que fueron apareciendo en el devenir de la investigación. Al
principio por pura precaución. Luego quedaría claro que la identidad de esas
personas sería un motivo de particular interés para mucha gente involucrada en
el caso, pero también para otros que no lo estaban tanto. Era una cuestión de
seguridad, para las fuentes y los periodistas. Unos cuantos litros de mate
después y pese a la densa humareda que habían dejado decenas y decenas de
cigarrillos, el panorama comenzaba a quedar claro: en el déficit de los casinos
municipales que desde 2000 a 2005 llegó a los 16 millones de dólares
estuvieron involucrados varios empresarios, ex jerarcas municipales, familiares
y amigos. Directa o indirectamente. Mientras uno de los informantes intentaba
darle más potencia al destartalado ventilador, otro -sudoroso- defendía
apasionadamente sus sospechas. El contador Juan Carlos Bengoa, dirigente de
Asamblea Uruguay (AU), había sido director de los casinos municipales durante
la última gestión del intendente Mariano Arana (2000-2005) y con la llegada
del gobierno progresista se convirtió en titular de la Dirección General de
Casinos (DGC), que depende del Ministerio de Economía y Finanzas, comandado por
el líder de ese grupo, Danilo Astori. Por eso, los informantes no vacilaban en
llamarlo el "contador de Danilo", por su profesión, y porque tanto en
las salas de juego municipales como en las que administró mientras estuvo al
frente de la DGC su misión fue una sola: recaudar. El relato comenzaba a
encajar pieza por pieza: Bengoa y dos de sus más estrechos colaboradores,
Orestes González Braida (luego "ascendido" o "premiado"
junto con Bengoa al frente de la Dirección Nacional de Loterías y Quinielas) y
José Luis Antúnez de Oliveira, tomaron decisiones que beneficiaron a un
complejo entramado de empresas que vendió o arrendó máquinas tragamonedas (slots)
a la IMM. El ventilador hacía volar de la mesa algunas de las hojas que
probaban, parcialmente, que en varias de esas empresas trabajaban familiares
directos y amigos de González y de Antúnez. Pocos meses después se
confirmaría que también había un familiar de Bengoa (...) Gracias a charlas
posteriores con otras fuentes (sin conexión entre sí) a los periodistas
también les había quedado claro que en las altas esferas del gobierno nacional
y departamental se conocía al dedillo una parte de esta historia, pero por
motivos todavía desconocidos no había progresos en la investigación. (...) En
conversaciones anteriores a esa, confesarían luego, estuvieron varias veces
tentados de brindar los datos que poseían. Pero el temor a ser identificados
por cualquier tipo de filtración había sido más fuerte. Hasta ese día.
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La noticia ocupó muy poco espacio y pasó inadvertida. El 16 de mayo de 2006 el
ministro Astori y el intendente de Canelones, Marcos Carámbula, firmaron un
convenio como paso previo a un llamado a licitación pública internacional para
la concesión del hipódromo de Las Piedras. Según el esbozo de aquel plan para
revitalizar el viejo escenario hípico, el adjudicatario podría disponer
además de hasta cinco salas de máquinas tragamonedas, cuatro en el Interior y
una en Montevideo, aunque esto no implicaba necesariamente la apertura de nuevos
locales. Pero la difusión pública de este acuerdo se realizó recién en junio
de 2006 y derivó en un nuevo capítulo de la sorda batalla que ya libraba la
IMM con la DGC por la suerte de las salas de apuestas en la capital. Eso sin
contar que Bengoa estaba molesto porque había comenzado a andar la auditoría
interna, ordenada por el intendente para investigar su gestión. Ehrlich se
encontraba en su despacho trabajando con algunos colaboradores, cuando uno de
ellos recibió la llamada de un periodista. Le estaban consultando qué pensaba
del anuncio que habían hecho Carámbula y Astori, que incluía la apertura de
una nueva sala de slots en Montevideo. El asesor se sorprendió, y dijo no estar
al tanto del asunto. Así fue que le trasladó la pregunta al jefe comunal,
quien tuvo un inusual episodio de furia que lo llevó a golpear repetidamente su
puño contra la mesa. El principal objetivo de su molestia era Bengoa.
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El dato de que Bengoa, González y Antúnez se conocían mucho antes de que el
"azar" los juntara para comandar el destino de los casinos municipales
flotaba en el ambiente. Esa información había llegado de buenas fuentes.
Había que chequearla. (...) Luego vendrían las pruebas de que González había
trabajado en la cooperativa de taxímetros Coprata desde 1985 hasta marzo de
1997, fecha en que fue despedido. Bengoa, por su lado, fue contador general de
Coprata entre 1993 y 1996 (...) Había quedado establecido que Bengoa y
González habían trabajado juntos, sólo faltaba saber si Antúnez era conocido
de los dos también mucho antes de entrar a la IMM. Pocos meses después de ser
despedido de la quebrada Coprata, González ingresó en 1997 a la automotora
Antra SA. Allí figuró ante el Banco de Previsión Social (BPS) durante casi
dos años como director de la empresa, pero sin remuneración. Luego la
automotora, al igual que Coprata, se fundió. Antúnez también trabajó en
Antra SA, exactamente en los mismos años que González, entre 1997 y 1999. Y
renunció un mes después de que González Braida dejara su puesto de director.
A esa altura sería imposible pensar que en una automotora tan pequeña ellos
dos trabajaran juntos y no se conocieran. En realidad la pesquisa revelaría
que, muy por el contrario, habían trabado una relación amistosa muchos años
antes, y en circunstancias bien diferentes. La historia remite a sus años de
militancia en el Movimiento de Liberación Nacional (MLN).
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Después de seis meses de que se conociera la existencia de una red de empresas
que se beneficiaba del negocio de los casinos municipales, y de numerosas
instancias judiciales para echar luz sobre el oscuro asunto, a finales de agosto
la situación del principal involucrado, Bengoa, sufrió un cambio sustancial.
(...) Hasta ese momento Bengoa aparecía como el responsable de las políticas
institucionales, e ideólogo de una gestión que había resultado notoriamente
perjudicial para la IMM desde el punto de vista económico. Pero su situación
empeoró aun más. En el correr del mes de julio varias fuentes que nunca
quisieron identificarse se comunicaron telefónicamente con los periodistas que
habían llevado adelante la investigación sobre los casinos municipales, para
aportar datos que hasta ese momento se desconocían. En medio de la gran
cantidad de informaciones agregadas había una que llamaba particularmente la
atención, y era la presencia de un familiar de Bengoa en una de las empresas
arrendadoras de máquinas tragamonedas. El dato tardó en confirmarse.
Finalmente, las averiguaciones dieron sus frutos: la empresa en cuestión era
Folway SA, y el nombre del familiar era Javier Dibitonto, hermano de Andrea, la
pareja de Bengoa.