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Yessie Macchi, en una conferencia en
Hamburgo, Alemania en 1992
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Hace 5 años nuestra compañera Yessie Macchi escribía esta nota para el
Comcosur Mujer (ver
Comcosur Mujer Nº 100 del 8 de marzo de 2005). Nos pareció
importante recordarlo no sólo por que Yessie siempre está presente en
todo lo que hacemos, sino también por que lo que escribe sigue teniendo
la misma vigencia.
B.A.
ALGUNAS
REFLEXIONES
Yessie Machi
Las mujeres uruguayas debemos, ahora
más que nunca, luchar por justicia, democracia popular, trabajo,
distribución de la riqueza y soberanía. Y el "¡Nunca más!". Basta de
impunidad. Para nosotras, el 8 de marzo es una jornada militante y una
oportunidad para recordar que las mujeres seguimos luchando en las
calles, las plazas, los lugares de trabajo, los emprendimientos
comunitarios, la construcción de vivienda, la escuela, el arte. En todos
los lugares seguimos reivindicando nuestros derechos incluyendo el de
ser dueñas de nuestra fuerza de trabajo.
- Igualdad de oportunidades para
acceder a los cargos y funciones en todos los ámbitos: ejecutivo,
legislativo, judicial, sindical, territorial, cultural, universitario,
comunicacional, laboral, etc.
- Programas de salud integral para la
mujer. Aplicación plena y en todo el país del Programa de Salud Sexual y
Reproductiva, con participación y control social. Educación sexual en
todos los niveles educativos.
- Despenalización del aborto y
cumplimiento efectivo de la ley en los casos de abortos que no son
punibles.
- Programa integral para la no
violencia contra la mujer en el ámbito familiar, laboral y social y
castigo para los hombres golpeadores. Campaña nacional de
sensibilización y participación comunitaria.
-Juicio y castigo para los genocidas de
la dictadura cívico-militar, que mataron, violaron, secuestraron y
ultrajaron a hombres y mujeres, y robaron a sus hijos. Depuración de
toda la fuerza policial y militar. Porque en el Uruguay no hubo una
lucha entre hermanos, hubo lucha revolucionaria contra todo el aparato
del terrorismo de Estado. Reparación, pues, para los únicos y verdaderos
"hermanos" y sus familiares.
- Esclarecimiento y castigo de todos
los hechos de violación y crímenes contra las mujeres, niñas y
adolescentes.
- Trabajo digno para todas y todos,
aumento salarial ya y jornada laboral de 8 horas, con igualdad salarial
y laboral entre mujeres y varones, igualdad de trato y oportunidades.
Basta de trabajo precario y contratos basura para las y los jóvenes.
- Seguro de Empleo y Formación para las
jefas y jefes de hogar desocupados. Asignación Familiar por hijo o hija
menor de 18 años y para mayores de 65 años. Ningún hogar pobre, ni
feminización de la pobreza en Uruguay. Igualdad de oportunidades para la
formación e inserción en el mercado laboral.
- Por el acceso a la tierra de quienes
la quieren trabajar y a la vivienda para todas y todos.
- Para poder cumplir con todo lo
anterior, se hace imperativo el no pago de la deuda externa.
El 8 de marzo, en diferentes lugares
del país, se harán movilizaciones, actos, volanteadas, debates, que
recuerdan que cada uno de los derechos que hemos conseguido ha sido
ganado por nosotras en difícil y sostenida pelea contra el patriarcado,
contra el machismo, y en los últimos siglos, también contra el
capitalismo. Porque no habrá nunca combate a la pobreza en un modelo
capitalista.
Seguimos en la calle, porque las
mujeres sabemos que nada se gana o se pierde de una sola vez, que
nuestro camino fue hecho de muchos pasos de otras muchas mujeres, que
dejaron marca sobre la tierra. La enredadera feminista, se hace de
muchos nudos y de muchos lazos, que se tienden imperceptiblemente para
los ojos controladores del orden patriarcal.
Nuestra lucha no empieza ni termina en
un recinto legislativo. Se hace en las casas, donde vamos reconociendo
cuánto hay de violencia en nuestras relaciones domésticas, y creamos
redes de sostén y de apoyo para que las mujeres podamos pronunciar
nuestro "ya basta" intimo, pequeño, pero fundamental, a la hora de
construir las bases de nuestra autoestima. Se hace en los trabajos,
donde cada vez más nos atrevemos a denunciar el abuso sexual, el abuso
de poder, de jefecitos que pretenden hacer de sus pequeños espacios de
mando, lugares en el que vale todo, y en el que el acoso y hasta la
violencia contra las mujeres es moneda corriente. Se hace en las
escuelas, donde resulta cotidiana la batalla por transformar la
educación sexista, que corrompe a los niños y niñas, en una educación
para la creación de un mundo en el que quepan todos los mundos.
Otras paredes, otros graffitis:
"Tu me quieres virgen, tu me quieres
casta, tu me tienes harta" o aquel que dice "no hay nada más parecido a
un machista de derecha, que un machista de izquierda". Este último
seguro que causa espanto a quienes creen que el mundo sólo se puede leer
en clave de análisis clasista. Las clases son una manera de
comprenderlo, pero insuficiente si no sabemos leer también otras claves
de dominación, como las relaciones de género, o de raza. Si no
comprendemos que una forma de opresión refuerza y sostiene a las otras.
Salimos el 8 de marzo entonces, a
pelear contra todas las dominaciones, contra todas las opresiones. Pero
lo más importante, es que no salimos sólo el 8 de marzo, sino que este
día visibilizamos una vez más, la larga marcha de un movimiento que, a
fuerza de ser negado, está convirtiéndose en uno de los más poderosos
factores de transformación de las relaciones sociales, que ha existido
durante el siglo 20 y 21. Nuestra lucha se hace en las casas, se hace en
los trabajos, se hace en nuestros movimientos, se hace en las escuelas
de nuestros hijos e hijas, y se hace en las calles, en las plazas del
país, en los espacios públicos que vamos recuperando con la presencia de
nuestros cuerpos y nuestras voces. Se hace venciendo al prejuicio y al
miedo ancestrales. Se hace con la alegría del encuentro. Se hace sin
solemnidad de ningún tipo. Para las mujeres la lucha es una fiesta, una
celebración, un ritual de descubrimiento del mundo. “Las brujas de
aquellos tiempos, seguimos siendo las brujas de ahora”. Y para las
mujeres y hombres que han dado un paso hacia la democracia, más que una
fiesta, la lucha es por ser dueños de nosotras y nosotros mismos y de
nuestra fuerza de trabajo. Es por la libertad total, sin representación.
Yessie Macchi 8 de marzo de 2005
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