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El candidato empresario se impuso a su rival del oficialismo; promete
bajar impuestos y poner más policías. La alianza conservadora que lidera
el dueño de Lan venció a la Concertación tras veinte años en el
gobierno. Piñera obtuvo el 51,6 por ciento y Frei, el 48,4. El electo
presidente llamó a forjar un acuerdo de gobernabilidad.
El empresario millonario Sebastián
Piñera ganó ayer las presidenciales en Chile y se convirtió en el primer
presidente electo de la alianza entre los partidos de derecha y
centroderecha desde la restauración democrática en 1990. Según el
resultado oficial con el 99 por ciento de las mesas escrutadas, Piñera
se alzó con 51,6 por ciento de los votos contra el 48,4 por ciento del
candidato de la Concertación de centroizquierda.
“Hoy, la mayoría de los chilenos habló
con claridad y se expresó por el cambio, el futuro y la esperanza”, dijo
Piñera desde un escenario montado sobre la Alameda frente a su comando
de campaña, bajo una inmensa bandera de Chile y rodeado por su esposa
Cecilia y sus cuatro hijos. El empresario electo presidente convocó a la
Concertación a forjar un acuerdo de gobernabilidad. “Voy a ser un
presidente de unidad nacional y voy a gobernar para todos los chilenos,
pero con una preocupación y un cariño especial para los más humildes y
la clase media que tanto lo necesita.”
Piñera prometió combatir el
narcotráfico y la delincuencia e impulsar el crecimiento económico. Pero
también se comprometió a “mantener y ampliar” la red social creada por
los gobiernos de la Concertación. “Necesitamos un Estado fuerte y
eficiente, con mucho músculo y poca grasa. Seremos un gobierno que
recupere la cultura de hacer las cosas bien y hacerlas con un sentido de
urgencia. Hay 600 mil chilenos que hoy no tienen trabajo y que no pueden
esperar.” Al conocerse los resultados, miles de simpatizantes salieron a
las calles, desde los barrios altos hasta el centro de la ciudad, con
banderas y remeras con la estrella multicolor que representa la campaña
de Piñera.
La avenida Apoquindo, en el coqueto
barrio Las Condes, se convirtió en una larga caravana de autos último
modelo que celebraban a los bocinazos, mientras otros miles llegaban por
micro o a pie a la céntrica Plaza Atalia, lugar habitual de festejos, a
metros del hotel Crowne Plaza, el bunker del candidato ganador. Aunque
los resultados se conocieron a media tarde, Piñera esperó hasta entrada
la noche para dirigirse al país. Antes había recibido un saludo
telefónico de la presidenta Michelle Bachelet y la visita del candidato
derrotado, que se acercó al Crowne Plaza con toda su familia y recibió
el afecto de Piñera, cuyo padre había sido embajador del padre de Frei,
el ex presidente Eduardo Frei Montalva.
Tras recibir la felicitación de Frei,
Piñera contestó con una invitación a tejer acuerdos partidarios. “Para
tener un buen país necesitamos no sólo buen gobierno sino también buena
oposición, y estoy seguro de que tendremos oposición leal y
constructiva, que va a fiscalizar con rigor, como corresponde. Nuestro
país necesita más que nunca unidad”, señaló. Antes se había comunicado
Bachelet y el llamado se transmitió en vivo por televisión. “Lo
felicito. Hoy Chile lo ha elegido democráticamente, y espero que siga en
el camino del progreso y la justicia social”, dijo la presidenta.
“Le agradezco sus palabras y le pido
que me aconseje para continuar lo que está bien hecho y para emprender
nuevas tareas, porque empieza un camino”, contestó el presidente electo.
Frei reconoció su derrota en su comando de campaña en el hotel Plaza San
Francisco, rodeado por su esposa Marta, su equipo de campaña, y los ex
presidentes Patricio Aylwin y Ricardo Lagos. “La elección ha concluido y
los resultados dejan en evidencia la solidez de nuestra democracia”,
dijo el candidato derrotado, a quien se lo vio sereno y algo resignado.
“Fue una elección limpia y transparente, como ha sido siempre nuestra
tradición. Quiero felicitar a Sebastián Piñera y desearle éxito en su
gestión.”
Frei llamó al diálogo al nuevo gobierno
y se comprometió a defender las conquistas sociales de la Concertación.
“Desde la recuperación de la democracia hemos sido protagonistas de la
recuperación de nuestra nación. Chile hoy es mucho mejor que el país que
recibimos en 1990. Hoy somos más conscientes de la libertad, la
democracia y los derechos humanos.” Llamó a la unidad de su espacio
político, agradeció a su equipo, a los votantes y especialmente a la
presidenta Bachelet. “Su excelente gestión ha llevado a Chile a umbrales
nunca antes conocidos”, la elogió. Después tomó el micrófono Lagos para
pronunciar un emotivo discurso que hizo eje en los logros de los
gobiernos de la Concertación.
“Esta coalición que ha gobernado 20
años deja el poder con la frente en alto. Recibimos un Chile con el alma
quebrada; 20 años después es otro Chile. Termina una etapa histórica y
una nueva generación toma el bastón en la Concertación. Son ellos los
depositarios de este sueño que no termina.”A su turno, Carolina Tohá, la
muy aplaudida exponente de la nueva generación de la Concertación, dijo
que las reformas iniciadas en el espacio político deben continuar. “Este
es un momento difícil, pero quiero reafirmar nuestro orgullo por la
democracia que hemos construido. Nuestras ideas no han sido derrotadas,
tienen más vigencia que nunca. Tenemos que seguir trabajando por ello
nuestra promesa de renovar política, profundizar la igualdad y ampliar
la democracia desde donde estemos”, señaló.
Juan Carlos Latorre, presidente de la
Democracia Cristiana, fue el primero en reconocer la derrota, media hora
antes de que hablara el ex presidente. Agradeció el esfuerzo de Frei y
reconoció errores. “Tenemos una importante responsabilidad en este
proceso que los partidos deben analizar.”El triunfo electoral de Piñera
nació de una profunda crisis de la Concertación, que tras veinte años y
cuatro gobiernos consecutivos se presentó dividida a la primera vuelta
del 15 de diciembre pasado.
En esa elección, Piñera había ganado
por 14 puntos sobre Frei, y el ex diputado de la Concertación, Marco
Enríquez-Ominami, había obtenido un 20 por ciento del total como
candidato independiente. Desde entonces, los candidatos cortejaron los
votantes de Ominami, cuyo tibio y tardío apoyo a Frei no alcanzó para
revertir el resultado final, ni para tapar la crisis que se desató
cuando los jefes de los principales partidos del espacio, el socialista
y el demócrata cristiano, les negaron a Ominami y a otros líderes la
posibilidad de competir en una interna contra Frei, al que ungieron como
candidato en un acuerdo de cúpulas.
Piñera aprovechó para imponer su
mensaje de que la Concertación estaba muerta, que veinte años en el
poder habían generado una maquinaria estatal donde los privilegios y los
acomodos están a la orden del día, y señaló los ocasionales escándalos
de corrupción que sacudieron al oficialismo.
Por su parte, Frei nombró jefa de
campaña a Tohá, la ministra más exitosa del exitoso gobierno de
Bachelet, y encargó a un grupo de voceros jóvenes la misión de
transmitir el mensaje de que el cambio en la Concertación ya había
comenzado. La presidenta tomó un protagonismo importante en la campaña,
despertando acusaciones de interferencias de parte de Piñera. En actos
vinculados con la defensa de los derechos humanos, la presidenta marcó
la diferencia con la alianza de Piñera, que incluye en sus filas a los
sectores del pinochetismo puro.
El debate interno por el nombramiento o
no de funcionarios pinochetistas en el futuro gobierno de Piñera en
plena campaña, además de acercar a Frei en las encuestas, demostró las
tensiones aún existentes en la coalición ganadora. Piñera dice
representar a la derecha moderna post-pinochetista. Condenó las
violaciones a los derechos humanos del gobierno de la dictadura, y hasta
admitió que debió haber hecho más. También dijo que como presidente va a
acelerar los juicios a los represores. Además es progresista en temas
sociales y apoya el matrimonio gay.
Pero sus aliados electorales de la UDI
son ultraconservadores, sectores duros de la Iglesia Católica como el
Opus Dei y los Legionarios de Cristo, y no tienen una posición crítica,
todo lo contrario, sobre la dictadura pinochetista. Ayer, dos tercios de
los votantes de Ominami apoyaron a Frei, pero el tercio restante, sumado
a la ventaja inicial que llevaba Piñera, alcanzó para frenar una
arremetida de Frei en las últimas dos semanas de la campaña, donde el
conflicto de interés entre el Piñera empresario y el Piñera político
dominó la campaña.
Piñera, un poderoso empresario liberal
de familia demócrata cristiana, es propietario de importantes activos de
sectores clave de la economía, como el transporte, la minería, la
explotación agrícola, los medios electrónicos, editoriales y
entretenimiento. En su gobierno deberá tomar decisiones que afecten cada
uno de esos mercados, y es difícil imaginarse que postergará al sector
empresario para privilegiar otros intereses. Ha sabido posicionarse
entre los sectores medios como una especie de Berlusconi sudamericano,
aunque él prefiere compararse con Sarkozy. Promete bajar impuestos,
poner más policías en la calle y un pago único de ochenta dólares en
marzo para aliviar la situación de los sectores postergados.
Según el analista Patricio Navia, que
apoyó a Piñera, éste ganó porque la Concertación dejó de escuchar a la
gente. “La coalición despreció la voluntad ciudadana en el proceso de
selección de su candidato, e incluso hoy se niega a hacer un mea
culpa... Piñera representa a una nueva derecha, que rechaza la dictadura
y cree en la igualdad de oportunidades”, escribió Navia en su blog.
“Piñera no es un candidato perfecto, pero ha dado más señales de querer
escuchar la voz de la gente que su contendor.”
LUNES 18 DE ENERO DE 2010 - COMCOSUR /
MONTEVIDEO
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